
La reciente historia de la Comunidad Nueva Alianza es un modelo
representativo de los muchos agricultores que existen en Guatemala.
Abarca temas como opresión, explotación, lucha
de los trabajadores por sus derechos laborales y tierras, y
termina con un magnífico ejemplo de auto-organización
y auto-determinación, dando como resultado una finca
gestionada por los mismos trabajadores y bajo su propiedad.
Durante generaciones la plantación fue administrada por
un único propietario. Las cuarenta familias que ahora
poseen y dirigen las tierras fueron empleados para ese único
patrón y trabajaron enérgicamente para el beneficio
de esa única persona. En los noventa, debido a la caída
global del precio del café y a la mala gestión
del patrón, se cesó el pago a los trabajadores
ascendiendo la deuda a 18 meses de trabajo, con lo cual se hizo
difícil la supervivencia de la gente. Consecuentemente,
decidieron unirse y luchar judicialmente contra el patrón
por los meses adeudados. Durante ese proceso legal el patrón
cayó en bancarrota y parecía que los trabajadores
lo iban a perder todo. Demostrando una impresionante tenacidad
y espíritu humano formaron un sindicato independiente
de trabajadores y en un intento desesperado por obtener las
tierras en las que sus abuelos y sus padres habían trabajado,
ocuparon pacíficamente la finca el día 14 de mayo
del 2002. Un largo proceso de negociación se forjó
entre los trabajadores y el nuevo dueño de la finca –un
grupo financiero panameño-. Con la ayuda del Fondo de
Tierras (una organización gubernamental guatemalteca
formada tras los Acuerdos de Paz de 1996 y dedicada a devolver
las tierras a los trabajadores, ex-guerrillas y refugiados repatriados)
el grupo obtuvo finalmente el título legal de las tierras
el 18 de diciembre de 2004.
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